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| Yo, en mi primer cumpleaños |
Las personas que realmente me conocen (son muy pocas por
cierto) saben que odio mi cumpleaños. No la considero una fecha importante ya
hace algunos años, no porque me haga viejo y eso me deprima, solo que prefiero
estar solo.
No me gusta que gente a la que no veo hace años me escriba
solo porque lo vio en Facebook y se “acordó” y me escriba un testamento recordando
anécdotas o huevaditas, o que simplemente mi familia me llame y me deseen lo
mejor, o que me den el sermón de cuanto he crecido, o que sea la oportunidad de
decirme que cosas estoy haciendo mal y que cosas tengo que hacer para que
salgan mejor. Cansa. Es agobiante tener que aguantar todo eso. Yo apagaría mi
celular, desactivaría mi Facebook y me borraría del mapa como hice el año
pasado. Eso me haría inmensamente feliz. No es la mejor manera de pasar un
cumpleaños, lo sé. Al menos no para la gente “normal”.
Pero dentro de todo creo que es un arma de doble filo. Si
bien odio mis cumpleaños,antes los añoraba y me emocionaba al saber que llegaba. Sin embargo, al menos este año espero los saludos de algunas pocas
personas que considero especiales en mi vida.
El por qué la aversión hacia mi cumpleaños tiene que ver con
un tema netamente personal, el cual no pienso divulgar por aquí. Pero, desde
que eso pasó, allá por el 2009, juré hasta el cansancio que no lo celebraría. Y lo más
divertido de todo es que el mundo conspira de tal manera que desde esa fecha, días
previos a mi cumpleaños SIEMPRE tiene que pasar algo que hace que el panorama
no sea alentador ni vislumbre algún cambio en mi sentir. Al contrario, lo agrava.
Muchas personas que quiero no entienden mi postura respecto
a mi cumpleaños. Al ser MI día, la lógica sería que debería celebrarlo como me
plazca. Aunque a veces es bueno tratar de romper esquemas y poner una póker face
a lo Lady Gaga y tratar de sonreir, aunque sea para la foto.
No soy un amargado. No odio a nadie. Solo odio mis
cumpleaños, pero acepto regalos.



